Monday, February 24, 2025

"Disonancia", una obra de teatro con total resonancia. (por Baltasar Santiago Martín)


No he titulado mi reseña de esa forma para jugar con ambas palabras, sino porque esta obra del prolífico autor teatral Abel González Melo ahonda de modo totalmente visceral en el drama cubano post 1959.

Según aparece como significado de la palabra “resonancia” en la vida:
De hecho, el lenguaje de la “resonancia” se utiliza a menudo para describir la conexión profunda que sentimos cuando una idea o concepto se sincroniza y se alinea armoniosamente con nuestras experiencias y creencias, creando emociones fuertes y afirmando nuestras verdades más profundas.
Confieso que todavía estoy bajo los efectos de la obra, porque como tan bien dice la definición de “resonancia” que encontré: “se alinea con nuestras experiencias y creencias, creando emociones fuertes y afirmando nuestras verdades más profundas”.

Esta valiente obra de Abel logra que uno como espectador se identifique con determinado personaje como un protagonista más del drama (en realidad lo fuimos, en nuestra vida real pasada en Cuba, sea del lado que fuera), porque nos hace revivir –y sufrir– el dogma intolerante del socialismo castrista, con la homofobia de estado –y la infaltable mención a las oprobiosas UMAP–; el ateísmo impuesto oficialmente, la vigilancia y las delaciones por pensar diferente al discurso y la ideología del Comandante –hoy, por suerte, en polvo.

Si Milan Kundera fue el novelista por excelencia del socialismo europeo, Abel González Melo es el teatrista per se del socialismo castrista cubano, el peor de todos a mi entender, porque en Europa del Este no hubo Comités de Defensa en cada cuadra, ni se destruyó la arquitectura ni la economía como en Cuba.

Cito a Kundera: “Todos los actos no deben ser perdonados; debemos saber cuando algo no es aceptable”.

Fidel “refinó” el totalitarismo soviético al incorporarle el CDR fascista de Mussolini, para que la vigilancia al “hombre nuevo” fuera total, correspondencia leída y llamadas telefónicas “pinchadas” incluidas.


Todo eso me evocó Disonancia, porque lo viví en carne propia, y lo sufrieron mis padres, familiares, vecinos y amigos.

Si bien Abel en su texto no deja “títere con cabeza” –por decirlo en cubano castizo–, su apuesta teatral, en dos tiempos diferentes, evidenció de forma magistral la “disonancia” entre el pasado y el presente de la pareja protagonista, a la que Mario Ernesto Sánchez, como director de la puesta y de Teatro Avante, supo “conducir” sin el menor resquicio panfletario –uno de los peligros cuando de abordar el Holocastro cubano se trata–, como si no estuvieran actuando, de tanta verdad en sus interpretaciones, tanto de la pareja cuando jóvenes como ya mayores.

Otro aspecto muy destacable de la puesta fue la música incidental a cargo del Maestro Mike Pourcel –quien sufriera también en carne propia lo que Abel expone de forma tan valiente en su texto-, así como la escenografía minimalista de Jorge Noa y Pedro Balmaseda, esa dupla de exquisito diseño escénico.

Resta ahora elogiar uno por uno a los cuatro actores que prestaron sus cuerpos y sus almas para que Abel y Mario lograran que el texto saltara de forma tan creíble del papel a las tablas:

A Marilyn Romero, como la Mujer Mayor, correspondió el mayor reto de la obra, por ser su personaje el de mayor disonancia cognitiva, debido al indiscutible malestar que siente al no alinearse su comportamiento del pasado con sus valores o creencias del presente, porque el propio sistema que defendió a ultranza, de forma dogmática y “chivatiente”, se encargó de hacerla “despertar”, hasta incluso llegar a “desertar”, por lo que no dudo ni un momento en otorgarle a esta excelente actriz el “Tocororo de Oro” por su visceral actuación, ya que ni en Cuba ni en Hialeah tenemos osos como en Berlín.

Marilyn Romero como la Mujer Mayor.
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No quiero que mi amigo Julio Rodríguez se me ponga celoso por estas merecidas flores a Marilyn, porque también su actuación como el Hombre Mayor fue de una organicidad y de una contención admirable, al encontrarse frente a frente con su victimaria del pasado, pues Julio pasa de ser el funcionario de inmigración estadounidense que la entrevista para el posible asilo, a identificarse al final ante ella como su víctima del pasado, en un in crescendo actoral digno de otro “Tocororo de Oro”.

Julio Rodríguez como el Hombre Mayor
 y Marilyn Romero como la Mujer Mayor.
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Y Claudia Tomás y Daniel Romero, como la Mujer Joven y el Hombre Joven, demostraron con creces que Mario supo escogerlos bien para sus respectivos papeles, nada fáciles tampoco, porque no creo que Claudia sea una fanática de ese Karl Marx que defiende tanto como actriz, ni tampoco dudo de que Daniel sea tan libre pensador y antidogma como el valiente personaje que se le enfrenta; ambos con actuaciones muy creíbles y convincentes, prueba de que hay una buena compañía garantizada para el talento ya consagrado de Marilyn y de Julio.

Claudia Tomás como la Mujer Joven 
y Daniel Romero como el Hombre Joven.
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Como expresó Kundera: “Todos los actos no deben ser perdonados”, y yo me atrevo a agregar: “Ni olvidados”, aunque Julio en personaje al final decida no deportar a Marilyn “Mujer Mayor”.



Hialeah, 24 de febrero de 2025.
Aniversario 130 del Grito de Baire

Fotos: Julio de la Nuez (cortesía de Abel González Melo)
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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